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DEVOCIÓN DE LA PRÁCTICA DE LOS SIETE SABADOS

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Son Siete Sábados antes de la fiesta de la Solemnidad de la  Madre Santísima de la Luz, que este año 2018 será el miércoles 16 de mayo.

La procesión inicia cada Sábado en el Kiosco de la Plaza Principal a las 5:30 p.m. hacia Catedral, traer una flor blanca, cirio o vela y vestir de blanco para continuar con el Santo Rosario y la Santa Misa.

NOTA:

El 1er. Sábado, por ser Sábado Santo se traslada al Domingo de Resurrección, iniciando a las 12:30 p.m. en el Kiosco Plaza Principal, en Catedral se rezarán las oraciones correspondientes al Primer Sábado y a continuación la Santa Misa de 1:00 p.m.

Siete Sábados para venerar a la Madre Santísima de la Luz

Uno de los obsequios más del agrado de la Señora son los Siete Sábados que preceden a su fiesta. Así se demuestra, no sólo por las innumerables gracias y favores que la Santísima Señora ha concedido a muchos por esta devoción, sino también por ser expresamente mandados por la misma Señora en una de sus apariciones, en la que ordenó que el día de su fiesta fuese el miércoles inmediato antes de la Pascua del Espíritu Santo, y que a la solemnidad de ella precediera la Devoción de los Siete Sábados. Debe por esto comenzarse el Sábado de Gloria. También se puede hacer en cualquier tiempo del año, todas las veces que alguna persona quisiera acudir a la Señora para alcanzar por su medio alguna gracia de importancia que necesitare.

Los obsequios que en los Sábados se han de hacer son Confesar y Comulgar en cada uno; y porque esto no se puede practicar el Sábado Santo, se transferirá al domingo siguiente de Resurrección; Ayunar en todos ellos o practicar en honra de la Virgen alguna mortificación. Sobre todo, el  obsequio más agradable a la Señora es evitar toda culpa, no sólo mortal, sino venial advertida; procure cada uno practicarlo en honra de tan gran Madre.

Acto de contrición

Amabilísimo y dulcísimo Jesús, esplendor del Verbo eterno del Padre; imagen viva suya, eterna sabiduría, único y sumo bien de mi alma , por ser quien eres, y porque te amo más que al cielo y la tierra, más que a mí mismo, y más que a todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido  tantas veces; me pesa no  haberte amado con todos los afectos de mi corazón; yo propongo postrado a tus pies y a los de tu Madre María Santísima , no pecar más y no oponerme en lo restante de mi vida a los designios de tu caridad ardentísima.; espero de tus piadosas entrañas , y por la intercesión de tu Madre María Santísima el perdón de mis gravísimas culpas, y eficaces auxilios  para servirte y amarte desde ahora y para siempre. Amén.

Ahora se rezan al Espíritu Santo Siete PadreNuestros en Acción de Gracias por los Siete Dones que comunicó a la Santísima Señora, ofreciéndolos con esta

Oración

Santísimo Espíritu, yo, el más indigno de los pecadores, te doy repetidas gracias por los Siete Dones que comunicaste a tu Esposa, querida María, Madre Inmaculada de la Luz, y por tributo, aunque pequeño, de mi agradecimiento, te ofrezco estos Siete PadreNuestros juntos con todos los himnos de alabanza que te tributa toda la Corte Celestial, y te suplico por tu infinita bondad, Dios y Señor mío, que me hagas participante de estos tus Santos Dones para que con perfección siempre te sirva y ame. Amén.

Se muda todos los sábados la siguiente:

Oración Sábado 1ro.

Amabilísima Señora, Madre Santísima de la Luz, os saludo y venero como fuente de Luz la más pura y hermosa, y, atónito al contemplaros, doy repetidas gracias al Señor por haberos criado fuente de Luz tan resplandeciente que jamás fuísteis obscurecida con la asquerosa mancha de la culpa. Pero ¿Cómo pareceré ante vuestros purísimos ojos, yo el más feo y abominable de los pecadores, cuando por mis gravísimas culpas estoy afeado y obscurecido? Confieso, Señora, no ser por esto digno de  vuestra presencia; pero al mismo tiempo creo que si Vos  no me hacéis digno de una mirada vuestra que penetre al tenebroso abismo de mi corazón, reinará siempre en mí la noche horrible del pecado; y por tanto, postrado a vuestros pies, os pido que me miréis con los ojos de vuestra misericordia, y con los rayos de vuestra clemencia disipéis las obscuras tinieblas de mi ceguedad. A este fin, ante vuestra sagrada imagen os consagro mi corazón, a Vos lo doy, a Vos lo entrego para siempre; purificadlo, Madre Santísima, y encendedlo en amor de Dios y vuestro; y para que ésta mi entrega sea firme, en adelante haced, Señora, que conciba en mi corazón un firmísimo propósito de jamás pecar. Así lo espero de vuestras misericordias para alabar siempre vuestras benignísimas piedades. Amén

Aquí se le pide a la Santísima Señora el favor que se desea, pidiéndole siempre lo que más fuere de su agrado y más conviniere.

Oración

¡Oh Virgen Benignísima, pues  tan a mano tienes a tu Hijo, y en Él todo el fuego que desciende del Padre de las lumbres; Virgen piadosísima, por cuyo respeto se deleita Dios en nuestros humildes corazones, a Tí ahora te entregó el mío; tómale, Señora mía; recíbelo, Madre clementísima, y acércalo a mi Dios, para que lo abrase; tócalo Tú para que en tu amor se deshaga; ” ÁBRELE LOS OJOS PARA QUE VEA EN TÍ, LUZ LA MÁS CLARA DEL DÍA, LO QUE PIERDE QUIEN NO TE AMA, Y LO QUE LOGRA QUIEN CON VERAS TE SIRVE”. Amen.

Antífona. Yo hice que en los cielos naciese una Luz indeficiente. Yo, la Madre del amor hermoso y del temor y del conocimiento, y de la santa esperanza.

v. Ilumina mis ojos, Santa María, Madre de la Luz.

r. Para que jamás duerma en la muerte.

Oración

¡Oh Dios, Padre de las luces, que siendo figurada la Virgen María por la columna que iluminaba a los israelitas en el tránsito del Mar Rojo, quisiste se llamase Madre de la Luz! Te rogamos nos concedas que los desterrados hijos de Eva que veneramos a tu Madre y Nuestra bajo tan grande título, por esta su invocación merezcamos llegar en este destierro a la Luz de la Divina Gracia, y en la Patria a la Luz Eterna de la Gloria. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Sábado Segundo.

Acto de contrición, los siete PadresNuestros al Espíritu Santo (y así en los demás sábados), y después la siguiente:

Oración 

AMABILÍSIMA Señora, Madre Santísima de la Luz, yo te saludo y venero, Trono de la Sabiduría Divina, oráculo de la doctrina de los santos y Maestra Sapientísima de la Iglesia; y atónito al contemplar lo excesivo de tu sabiduría, doy repetidas gracias al Señor por haberos dotado de un entendimiento tan colmado de sabiduría, que nunca fue ofuscado con las negras tinieblas de la ignorancia, ni capaz de las sombras opacas del error.  A tus pies, humildemente postrado, confieso, Señora mía, haber sido hasta ahora infeliz discípulo en la tenebrosa escuela del mundo, solicitando ciego sus riqueza y falsos bienes, hecho el maestro de iniquidad con mis palabras y obras; por tanto, detesto delante de Ti los perversos  y necios dictámenes que he seguido, me avergüenzo de haber enseñado tan falsa doctrina. Dígnate, Madre y Señora mía, de iluminar a este ciego; abre mis ojos para seguir la verdadera sabiduría; conforta mi entendimiento para conocer la falsedad; corrobora mi voluntad para amar y enseñar solamente la Verdad, y para que, despreciando todo lo temporal, el tiempo que me queda de vida lo ocupe todo en seguir tu celestial sabiduría, aumentado con buenas obras la Gracia. Amén.

Oración Sábado 3ero.

AMABILÍSIMA Señora, Santísima Madre de la Luz, idea verdadera de toda santidad: yo te saludo y venero como modelo de toda virtud y espejo el más fiel de la más heroica perfección, y doy incesantes gracias al Señor porque empleó toda la fuerza de su omnipotente brazo en labrar en TÍ una perfectísima copia original visible de virtud. A tus pies postrado confieso, Señora, haber andado muy lejos de Ti, siendo modelo de vicios y malos ejemplos con mi vida y depravadas costumbres; me pesa y me arrepiento de haber sido piedra de tropiezo y causa de ruina a muchas almas con mis malos ejemplos; por eso recurro a Ti, suplicándote, soberana Reina, que, pues eres guía segura de los pecadores, me encamines a mí, el mayor de ellos, por el sendero de las virtudes, esforzándome Señora, para que viva en adelante con los ojos fijos en el modelo de tus virtudes para copiar en todos mis pensamientos, palabras y obras la perfecta imagen de haberte imitado en el punto de mi muerte. Amén.

Oración Sábado 4to.

AMABILÍSIMA Señora, Santísima Madre de la Luz, bienhechora liberalísima del mundo, yo te saludo y venero como manantial indeficiente de donde vienen al  mundo todos sus bienes y felicidades; doy gracias al Señor por haberte criado tesorera y plenipotenciaria de los divinos erarios y de todos los bienes. A Tí, benignísima Madre, confieso deber no estar ya sepultado en el infierno, por mis culpas tan merecido; a Tí debo la santidad y haberes que gozo, y todos cuantos bienes poseo dentro y fuera de mí. Pero con todo ha sido sin igual la ingratitud de mi mala vida, empleándola tan solamente en herir tu corazón caritativo con las agudas saetas de mis pecados. ¡Oh, si pudiera yo con mi sangre, y aun con mi propia vida destruirlos! Mas ya que esto no me es  posible, postrado ante Ti, soberana Señora, los aborrezco con todo mi corazón, por ser ofensas contra Dios y contra Ti, mi Madre y Señora; por tanto, te suplico que, aunque soy el más indigno de tus beneficencias, la extiendas sobre mí, concediéndome los auxilios continuos de la Gracia para detestar mis pecados y para que siempre, en toda mi vida, no ame otra cosa que a Dios y a Tí, liberalísima bienhechora, para conseguir, por último, el agradecer tus beneficios, alabándote eternamente en la gloria. Amén.

Oración Sábado 5to.

AMABILÍSIMA Señora, Madre Santísima de la Luz, llena de inmensa caridad, y Madre del puro y santo amor, yo te saludo y venero como  Luz la más resplandeciente de caridad; y al contemplar lo excesivo de tu amor, doy repetidas gracias al Señor porque de tal suerte encendió tu corazón con el celestial fuego de amor divino, que parecía viva encendida llama del Espíritu Santo. ¡Qué vil y asqueroso seré yo a tus purísimos ojos, pues no he amado otra cosa que el lodo vilísimo de las cosas terrenas, y de tantos objetos pecaminosos! ¿En qué cosa, soberana Señora, podía yo colocar mi amor, que en la suma bondad de mi Dios, único centro de nuestras almas? Y con todo, he despreciado tan amable bien, posponiéndolo a los asquerosísimos de la tierra. Así confieso haber vivido; más ahora, alumbrado con las luces de la caridad, y postrado a tus pies, detesto y aborrezco de todo corazón mi mala vida, y el haber pospuesto a mi Dios a tan indignas criaturas; propongo, Santísima Madre, amarle a Él solo y compensar  así mi pasada frialdad. Recibe Señora, mi corazón para que lo consagres todo a tu santísimo Hijo; no quiero más vivir si no es para amarle a Él sólo; ni quiero obrar cosa alguna si no es por darle gusto. Sé Tú Madre mía, fiadora de esta mi resolución, y haz con tu intercesión poderosa que siempre perfectamente la cumpla para imitarte a Tí, Luz y ejemplo de caridad, y para amar a mi Dios con el amor beatífico de la gloria. Amén.

Oración Sábado 6to.

AMABILÍSIMA  Señora, Santísima Madre de la Luz, Reina graciosísima del cielo, yo te saludo y venero como erario y tesorera riquísima de Gracia; y, atónito al contemplar la excesiva Luz de tu hermosura, gracia y santidad, alabo y doy al Señor incesantes gracias porque con tanta opulencia te enriqueció de Gracia, que empleó toda su omnipotencia, toda su sabiduría y todo su amor en dotarte de tanta Luz de Gracia cuanto no se halla junta en toda, así humana como angelica, naturaleza. Confieso, Soberana Señora, mi indignidad y lo perverso de mi vida; por eso no me atrevo a pedirte aquella Gracia que tantas veces por tu medio he alcanzado, y tantas por mi suma malicia he vendido por lo vil de mis gustos y desordenados apetitos; pero al fin eres Madre de misericordia; eres la tesorera y dispensadora del precioso erario de la Gracia; por eso, arrojado a tus pies, te pido esta inestimable joya, resuelto firmemente a perderlo todo por alcanzarla y conservarla toda mi vida; concededme, Madre Santísima, los auxilios divinos, para que desde ahora vaya con fervorosas obras acumulando nuevas riquezas de gracia. Oye, piadosa Reina mis súplicas; esfuerza con tu ayuda este mi propósito, para que, como a Tí debo el adquirir la Gracia aquí en la tierra, así por tu medio merezca la gloria que me corresponde en el cielo. Amén.

Oración Sábado 7mo.

AMABILÍSIMA Señora, Santísima Madre de la Luz, excelsa Emperatriz del cielo y tierra, dulcísimo imán, después de Dios, de los corazones de todos los bienaventurados; yo admiro la casi infinita gloria que gozas; doy al Señor repetidas gracias por haberte colocado en el sublime Trono de la gloria, la más inmediata a la diestra de tu Hijo Santísimo; con tanta gloria, que excede sin comparación a la de todos los ángeles y santos; me gozo y regocijo, Reina soberana, de tan abundante gloria y felicidad; toda la quiero para Tí, y más me alegro que sea tuya que si fuera mía, porque mucho más te amo a Tí que a mí y a todas las cosas. Pero me enturbia el gozo la indignidad de mi vida y lo asqueroso de mis graves culpas; por tanto, a tus pies postrado, las detesto de todo corazón por ser opuestas a mi Dios y a tu felicidad; alcánzame Señora mía, Gracia para aborrecerlas y para que en adelante me porte como hijo verdadero tuyo; yo me propongo, Madre Santísima, procurar hacerlo así y glorificarte aquí en la tierra con el empeño de una sincera devoción; propongo con tu ayuda enderezar mis pasos a tu gloria y  mayor obsequio; no perdonaré fatiga ni gasto, ni aun mi propia sangre, por la exaltación de tu gloria, por la propagación de tu devoción y solemnidad de tu Santo Nombre, bajo el título de “MADRE SANTÍSIMA DE LA LUZ”; así, espero merecer como prenda segura tu amor y tu patrocinio, para gozarme de tu eterna felicidad en la gloria. Amén.

 

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